Scout un día, scout toda la vida

Orgullosa de ser scout

Cuando mi madre quiso apuntarme a los Scouts, por supuesto dije la palabra más popular de mi vocabulario por aquel entonces y que ahora como madre escucho también muy a menudo…: No.

Aun así mi madre me llevó a la primera reunión donde con tan sólo 11 años me pareció desconcertante, y por supuesto le dije que no quería volver, pero como buena madre, ella me volvió a llevar para “probar”

La excursión que hicimos al parque fue genial y después hubo una acampada donde dormimos fuera de casa y sin padres que hizo que quisiera ir a la siguiente, y a la siguiente y así hasta acabar mi etapa como educando y hacer la fiel promesa de ser una buena Scouter (Monitora de niños scout), siendo para ell@ un buen ejemplo, y guía en cada paso del camino.

Allí encontré buenas amigas, que aún a día de hoy conservo y que incluso tras la muerte de Diego, supieron “estar sin estar” a mi lado. Gracias Vero y Leti.

También aprendí a forjar mi personalidad, mi capacidad de razonar, de ver el mundo y cuidarlo como se merece, de compartir y recibir de los demás y así innumerables experiencias que hicieron de mí parte de en lo que me he convertido hoy.

Descubrir paisajes, realizar largas caminatas que duraban días con sus consecuentes noches, pernoctar, hacer tirolina, rafting, acampar bajo las estrellas y cantar canciones nocturnas junto a quienes eran tus herman@s de aventura, fue una experiencia que jamás olvidaré.

Allí conocí también al que es hoy mi compañero de senda.

Mi marido y amigo, el padre de mis hijos y que gracias a ese sentimiento de amor y respeto por naturaleza, de ayudar al compañer@ y compartir tu camino con quienes quieren compartirlo, es una de las mayores suertes que tuve en mi paso por el Grupo Scout.

Después de casi una década, he descubierto la importantísima influencia que supuso Baden Powell para María Montessori.

Para los que no conocen nada del escultismo, decir que fue un movimiento que tenía por objeto separar a los niños de la guerra a diferencia de lo que muchos puedan decir, y no, no era un servicio militar pero si se trataba de un servicio, de un servicio al prójimo dirigido a niños.

Ofreciéndoles disciplina positiva, conocimientos de supervivencia en la naturaleza y lo mejor y el quid de la cuestión, en triadas de edad.

Tras conocerse M. Montessori se dio cuenta de que mezclar a los niñ@s en grupos de edad de 3 años en 3 años era beneficioso en cuanto a que, los más mayores ayudaban a los pequeños entre otras razones.

Otro de los mensajes de Baden Powell en su característico y universal saludo scout es éste:

“El dedo pulgar simboliza al hermano mayor, el fuerte que protege al hermano menor, el débil. Y lo tres dedos simbolizan, Dios, Patria y Hogar.”

Frente a las distintas ideologías y el paso del tiempo, la que se ha propuesto en casi todos los grupos Scout, ha sido la educación en valores, independientemente de la religión que luego practique cada personas a nivel individual.

Y el sentimiento de pertenencia no sólo a una “Patria” sino a la tierra (La Pacha Mama), al respeto por naturaleza, por los animales y todo lo que hace que el mundo fluya.

 


Recuerdo aquellas acampadas donde nos hacíamos nosotros solos la cena, casi siempre sopa y salchichas, recogíamos nuestras cosas, saco, ropa, mochila y demás enseres.

Todo intentábamos dejarlo mejor de lo que nos lo habíamoss encontrado. Tirar los papeles a la basura o hacer señales del camino para los que vinieran detrás. Jugar hasta quedarnos afónicos al escondite, a lavar nuestros platos y cubiertos aunque fuera hiciera frío porque…era lo correcto.

Esa “disciplina” que muchos tachan, fue la que hoy hace que sea una persona consciente y organizada y me llamaran durante muchos años en un colegio de monjas “la ecologista” y no me importaba, porque sabía que lo de recoger la basura, incluida la de otros no tan respetuosos con el medio ambiente, era lo que me habían enseñado, y también era lo correcto.

He de decir que 20 años después de mi paso como scout y todo lo que me ha aportado, quiero que lo tengan mis hij@s. Que compartan cada vivencia y valor positivo que este movimiento inspirador me han dado, es una de las decisiones que como padres tenemos claro.

Hacer nuevos amigos, que se convertirán en compañeros de miles de aventuras, algunos quizá en el compañero de la mayor de las aventuras, la del día a día como me sucedió a mí.

Cuesta creer que aún saquemos tiempo para hacer una cena o quedada de la Generación del 83, pero aquí te dejo el enlace a mi perfil de Instagram para que veas el cambio de hace justos 20 años atrás, cuando nos hacíamos  fotos con cámaras desechables, como ésta de un Campamento de Semana Santa, en el año 1998.

Ya me dirás cómo crees que me ha tratado el paso del tiempo.

 

¡Feliz Lunes!

 

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