La Paz empieza en uno mísmo (Diario de…)

La última semana ha sido muy intensa.

La llegada de lehbaila a casa y los días posteriores han sido agridulces.

Por un lado, teníamos la idea equivocada de una niña que fuera mucho mas niña, pero la realidad es que es una niña preadolescente con su carácter típico de preadolescente y sus piques y desplantes como hemos tenido todos en esta edad, aunque confieso que pensaba que esto llegaba a eso de los 13-14 años…ilusa ¿no?

La llegada al aeropuerto fue en un día nublado donde muchas otras familias al igual que nosotros íbamos llegando a la zona de cafetería, aun viendo como decenas de chavales del vuelo saharaui revoloteaba por la zona de llegadas.

Algunos sentados y agotados, otros haciéndose las fotos para el pase grupal y solo unos pocos buscando con la mirada a las familias del año anterior.

Nos emocionó ver un caso de una niña que se fundió en un fuerte abrazo con su madre maña.

Pensábamos estar así al año que viene, puesto que ya nos habían advertido que tuviéramos buenas dosis de paciencia durante al menos las dos primeras semanas.

A día de hoy Lunes, llevamos 6 días.

Pensábamos que con Sofía la tarea de adaptación seria algo mas llevadera, (ilusa de nuevo, o ¿no?)

Pasadas 7 horas de su aterrizaje a tierras mañas, descubrimos sin sorpresa que en su mini mochila no llevaba nada de ropa, ni una sola braga, sólo lo puesto.

Unos cuantos regalitos “free” del aeropuerto, aquí sì nos sorprendió, unos llaveros, tres colgantes y unas pulseras más para los tres, hechos por ella. Enseguida nos los pusimos, no solo por el hecho de corresponder su detalle, sino porque nos gustaron de verdad. En cambio, yo le regale una pulsera, que no tardó en dejar en el suelo a los cinco minutos. Aún hoy no sé muy bien como tomarmelo, de momento con humor jejeje.

¿Cómo será en su cultura lo de aceptar regalos?

Sigo preguntándomelo.

Debido a que esperábamos su llegada el día 21 y se retrasó 5 días, quedando unas pocas horas antes de salir de viaje, para poder devolver toooda la ropa que le había comprado. Porque según el buen consejo que me contó una señora, las niñas saharauis eran bajitas y muy delgaditas, así que, para una niña de 11 años, mejor comprarle talla 9 o así y de pie aproximadamente un 32-33…ERROOOOOR!!

Esta niña calzaba un señor 37, y mide mas de 1’50, con un culo que la pobre casi revienta uno de los pantalones.

No es que lo tenga gordo ni mucho menos, pero desde luego no era un culillo de 9 años ni de lejos. Así que mi santa madre y yo nos dedicamos durante 3 largas horas y media, en lo que los buenas hijas dormían, a devolver , cambiar tallas, zapatillas, chanclas y bañadores para esa misma noche hacer maletas y dirigirnos al destino que hoy acabamos de dejar Eco Camps Vinyols, un lugar estupendo al que pensamos volver al año que viene y en la merecida pensión completa, porque para cambiar de cocina en vacaciones siempre hay tiempo… y este viaje ha sido para poder desconectar de los quehaceres de la casa (o eso pensaba yo)

Y digo esto porque, yo no se como se organizan en el país de donde procede lehbaila, pero lo de dejar la ropa tirada, los zapatos en cualquier sitio, la toalla de rezar de cualquier manera (más adelante explicaré este tema) etc. etc.…quizá no sé, sea más de preadolescente dejada, que de cultura.

¿Alguna con niñas en esta edad, por favor, que me explique…pliiiis?

Los primeros dos días, porque yo para esto soy más de enseñar o dar ejemplo que de hacer de criada de nadie la verdad, estuve recogiendo y doblándole la ropa, le hice la cama, le ponía el desayuno y le tendía las cosas en el tendedero.

Pero al tercero dije: ¡BASTA!

Le enseñé que el resbalón de la caca había que quitarlo con la escobilla y tirar de la cadena.

Que el bañador mojado hay que cambiarlo por uno seco, porque de lo contrario te calas la ropa, y que una vez cambiado hay que tenderlo y no dejarlo hecho un burruño en el suelo del baño.

Que su ropa debía dejarla, al menos en su cama, no tirada por el suelo o encima de mi cama (dormíamos Juanjo en la cama de matrimonio con Sofía y yo con ella en la habitación doble)

Que cuando te duchas hay que usar jabón y secarse con la toalla del cuerpo que tenía, y no con la de las manos que usa también para lavarse antes de rezar y tirar al suelo y que luego ni dobla ni guarda ni pone a secar.

Que si te comes una ciruela no debes tirar el hueso “a dar” a las gallinas porque aquí los animales mejor dejarles a sus anchas que irles dando patadas (la pobre ya se llevó alguna que otra miradilla en la zona de la granja que tienen en Eco Camps)

Y seguiría así hasta rellenar un post de 2000 palabras, pero no. Lo que más me impacto fue la independencia y dependencia a partes iguales de mí.

Tan pronto me miraba para imitarme, como me ignoraba y ni nos esperaba.

Esto sigo preguntándome si es más cultural.

A pesar de que Sofía en cuanto vió a Lehbaila ya le decía: “¿Puedo darte un abrazo? ¿Y un besito? ¿Quieres cogerme aúpa?”

Los primeros momentos le insistimos que no la atosigara, que tuviera paciencia pues acababa de llegar, pero pasadas un par de horas, ya comenzó a sonreír.

Parece ñoño lo que voy a escribir ahora, pero, no te imaginas la paz interior que supuso esa sonrisa y todas las demás. Hacen que todas estas diferencias en cuanto a la actitud que muestra desaparezcan.

Y no te digo las carcajadas que nos hemos echado bañándonos durante horas, donde con gran ímpetu y esfuerzo me escuchaba y miraba atenta mientras seguía mis consejos para aprender a nadar.

Desde luego que echará de menos a su familia, y me pongo en su piel y sobre todo me gustaría un abrazo, una caricia una muestra de cariño y fraternidad…y por supuesto que lo tiene.

Juanjo algo más cortado en ese aspecto pues no quiere hacerla sentir mal, ni mucho menos, y yo le doy achuchones siempre que la noto un poco más alicaída y por las noches ya ha cogido la costumbre de pedirme un beso de buenas noches. Aun no con Juanjo o con Sofia, de momento solo conmigo, pero, me conformo y me sabe a gloria.

Y de momento te escribo este post viajando a la playa, donde espero poder contarte qué tal nos va en el próximo lunes al post.

Ah, que toda esta empresa va de esto, de comunicación y de signos, por si no te acordabas jejeje.

Lehbaila no habla nada de francés ni castellano, por lo que Juanjo con una aplicación de Hassani, su idioma natal, ha podido el primer día comunicarse algo con ella. Yo ni me la descargué.

Mi expresión facial ya le dice mucho en cuanto a saber si algo lo ha hecho bien o mal.

Los signos transparentes (aquellos que la gente cofunde con el mimo, ya que son signos que podría más o menos entender cualquier persona ajena al conocimiento de la lengua de signos) también nos ha ayudado.

Así que ya vesnuestro secreto: la expresión facial y corporal y unos cuantos signos, han hecho que la comunicación haya podido ser más fluida.

Ya lo comentaba en otros posts: es más fácil que un chino se comunique por ejemplo con mexicano usando signos, ya que al final TODOS tendemos a usarlos para comunicarnos en una conversación básica.

Espero que te haya gustado porque como dicen en mi tierra, ¡¡Cuidado que vienen curvas¡¡ y deseo contarte nuestra evolución el lunes que viene, asi que atent@!!

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